Ya no está de moda ser coherente. Lástima. Hubo un tiempo en el
que esa coherencia nos hacía más inteligentes. Pero la perdimos. Decidimos
mandarlo todo al garete. Ahora somos algo inexplicable y raro. Miramos hacia el
futuro tratando de olvidar el pasado, maltratamos las costumbres que nos han
hecho libres. Hemos decidido declararnos en rebeldía sólo
por vanidad. No hay nada que podamos hacer para luchar contra nuestro propio
ego. Sólo la estupidez ganará esta guerra de la cual algunos sacarán tajada.
Desde hace un tiempo se ha puesto de moda bautizar de forma civil.
Cada cual puede hacer lo que le dé la gana. El laicismo es la mejor forma de
convivir en paz entre religiones. Ninguna administración debería decantarse.
Pero el Bautismo tiene un significado muy claro dentro de la tradición
católica. La razón de ser de este sacramento es limpiar al infante del Pecado
Original, ese que todos portamos desde que Eva comió la manzana. Es a través de
él como nos regeneramos como hijos de Dios y nos incorporamos a Cristo. ¿Y cómo
se adapta eso a una celebración civil en el registro municipal? Pues eso.
Perdimos la coherencia y nos sumimos en la estupidez.
Para colmo, la historia no acaba aquí. En algunos lugares han ido
más lejos y se han puesto a celebrar comuniones civiles. Y volvemos a lo mismo.
La Comunión se celebra para que el niño tome por primera vez el cuerpo y la
sangre de Cristo. Es el ritual por el que comulga por primera vez. Es a través
de este sacramento que el cristiano es partícipe del alma y de la divinidad de
Jesús Cristo. ¿Tiene sentido que se haga en un Ayuntamiento? Sólo si una vieja
ideología, anclada en el rencor, dicta las leyes de convivencia de una sociedad
que apaga poco a poco sus luces.
Lo último es el nombramiento de reinas magas por parte de algún
desviado ideológico. Melchor, Gaspar y Baltasar se han convertido en La Vane,
La Lore y La Jessi, que vestidas de cigarreras del Moulin Rouge se dedican
ahora a repartir caramelos con una facha más típica de cabareteras que de ir a
llevar oro, incienso y mirra al Niño Dios. La tradición, que entre otros
pintaran Rubens, Velázquez o Leonardo Da Vinci, se convierte ahora en una
triste nebulosa de lo que un día fue una fiesta de alegría infantil.
Tristes ejemplos de una sociedad que no sabe hacia donde navega. Una pobre realidad llena de caricaturas de lo que un día fue una sociedad que se enorgullecía de sus costumbres. No hay nada más triste que escuchar: “Ahora se ha puesto de moda vestir al niño de comunión, hacerle las fotos e ir a Disney Land. Sin pasar por la Iglesia”. Nada más triste que ir por el mundo sin saber por qué suceden las cosas, de dónde venimos o a hacia qué nuevo desvarío vamos.
Tristes ejemplos de una sociedad que no sabe hacia donde navega. Una pobre realidad llena de caricaturas de lo que un día fue una sociedad que se enorgullecía de sus costumbres. No hay nada más triste que escuchar: “Ahora se ha puesto de moda vestir al niño de comunión, hacerle las fotos e ir a Disney Land. Sin pasar por la Iglesia”. Nada más triste que ir por el mundo sin saber por qué suceden las cosas, de dónde venimos o a hacia qué nuevo desvarío vamos.

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