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Málaga, Spain
Libros, revistas y periódicos son mi Santa Compaña. Lector diario. Amigo de un cuaderno y un bolígrafo. Espectador y contador de la realidad. Pasajero de la vida. Soñador inquieto. Investigador de todo. Pecador en la curiosidad. Añorador de lo pasado y deseoso de lo futuro. Aquí estoy sólo con mi curiosidad.
Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído. Jorge Luis Borges, escritor y una de las grandes injusticias de los premios Nobel.

De los medios de comunicación de este mundo yo sigo prefiriendo un beso artesanal. Mario Benedetti, poeta y soñador de un mundo mejor.

Para sobrevivir, tengo que contar historias. Umberto Eco, profesor, novelista, periodista y guía espiritual en el mundo de la comunicación.
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12 oct 2015

El placer de escribir reportajes...


El reportaje es un género que te otorga el placer de escribir. Un género reposado, que te permite husmear, buscar, indagar, investigar y aglutinar datos en una especie de síndrome de Diógenes, para luego plasmarlo todo en una historia que el lector disfrute desde el principio al fin. Desde hace unos meses es a lo que vengo dedicado y en eso he podido recuperar el placer de sentarme a escribir tras la ventana, con el ordenador, las notas y una voz al otro lado de la grabadora como única compañía.

He podido recoger el testimonio de gente conocida, retratar lugares, contar leyendas, relatar como testigo lo que pasaba ante mis ojos o explicar los sufrimientos de algunos ciudadanos, porque, pese a que esto de escribir periódicos sea algo que se disfruta, no deja de ser un servicio público que se presta al ciudadano.  

Todo empieza con un dato que hace brillar la mirada y saca el veneno más potente que nos puede correr por las venas: la curiosidad. Este dato es contrastado y nos lleva a contactar con personajes con los que sentarse. En ese momento, comienza el gusto dulce que deja el reportaje pero que, en muchas ocasiones, sabe a café. Concertar la entrevista es un trámite para comenzar a disfrutar, la documentación del tema hace que la curiosidad aumente y entre más se sabe del asunto, más curiosidad levanta.

Unas veces el dato te lleva a zambullirte en lugares inalcanzables, otras a relatar sufrimientos, otras a contar cómo son esas personas a las que admiramos, algunas veces te llevan a narrar lo que alguien extraordinario hizo y algunas otras te afanas en contar aquello que nadie quiere que sea contado. Lo cierto es que no hay una buena historia sin personajes y para conocerlos bien hay que tener tiempo para sentarse y escucharlos atentamente.

Durante cinco años, la información diaria me había dejado sin la posibilidad de dedicar varios días a una información o de sentarme durante más de una hora con un personaje, sin tener que mirar el reloj para saltar a otra cosa. La libertad que otorga un café que acaba en aperitivo es un placer que se degusta cuando tecleas la transcripción de todo lo que se habló y que se sufre cuando se comienzan a recortar momentos porque el texto es demasiado largo. 

El contacto directo con la historia te hace escribir recordando olores, sabores, risas, miradas o el tacto de un apretón de manos. Sentarse con las notas al lado y comenzar a dar forma a lo que se va a narrar es lo más parecido a una pieza artesanal.

En esa tesitura, la realidad y la abundancia de notas son las mejores compañeras de viaje y son las que hacen volver a sentirse realizado cuando se teclea a luz de una pantalla. El reportaje ofrece una oportunidad para disfrutar del periodismo más artesanal y eso es algo que, cuando se vive para el oficio, no se paga a final de mes. 

23 mar 2015

El fin del voto fijo... 22M en Los Pedroches

Las elecciones andaluzas han demostrado que la vida no sigue igual para todos. Y Los Pedroches son una muestra muy certera de ello. Los que nunca fallan no estuvieron y los que, a priori, no se movilizan cuando se cansan fallaron poco. En ese tira y afloja se colaron los que vienen de abajo, remontando, predicando que hay otra forma, que lo de siempre no vale para salir de la situación. Y se les cree, porque los datos así lo demuestran. Porque en Los Pedroches se les sigue y consiguen sus apoyos. No para gobernar municipios, pero sí para introducir representantes en las cámaras autonómicas y nacionales. Pero lo cierto es que los que nunca fallan se marcharon y a eso hay quien no está acostumbrado.
El Partido Popular sintió lo que nunca había sentido, que sus votantes le dieron la espalda. Los populares han perdido 3.480 votos en estas elecciones, el voto útil y la teoría de los pactos no han funcionado. Sus votantes encontraron acomodo en una fuerza política nueva: Ciudadanos. Los avisaba The Guardian hace unas semanas: “Ciudadanos es el Podemos de la derecha”. Y allí se fugaron los votos de todos esos autónomos con el I.V.A. al 21 por ciento y el IRPF al 19 por ciento. Allí se fueron las facturas de energía de cada votante, el depósito del coche a 1,20 euros el litro o los funcionarios cabreados. Son 1.506 votos que tienen una procedencia clara y que avisan de que si las gaviotas siguen volando el mismo mar, el azul del cielo se tornará naranja.
Por el contrario, los que no se fiaron del anaranjado futuro, los que no creyeron en una “nueva UCD” se quedaron en casa. Masticando el mosqueo. La participación bajó en Los Pedroches cuatro puntos. Esto quiere decir que 2.139 personas no fueron a votar y podemos apostar a que la mitad fueron del PP. Otro millar “fijo” que no votó a lo que siempre votaba. Otros “fijos”, con los que se cuenta al inicio de campaña, que fallaron.
El PSOE ganó y con holgura, pese a que los apoyos también cayeron. Los datos revelan que el PSOE perdió 1.564 votos en estas elecciones. Fallaron pocos, lo que les vale para teñir el mapa de rojo, pero con una alarma encendida. Quizá, y sólo quizá, el miedo no aguante otra Sanidad destruida, Educación maltrecha y muchos millones en los bolsillos de gente que pasea las siglas del partido. Porque la cultura del subsidio no es tan fuerte como para soportar la carga impositiva de una quiebra por desfalco. Puede no valer el “¿Y si no voy a votar me quitan la paga?” o el “¡El PP son los ricos!”. Ahora hay mas frentes y el señorito del caballo puede que pase a ser el que lleva la rosa en la solapa.
Izquierda Unida sufrió lo que era de esperar. Porque nada había más claro que la factura de un pacto de sillón, en contra de buena parte de la militancia, costaría votos. Los verdes perdieron 426 votos, no son muchos, pero es que tampoco había tantos. Y saben donde van. Lo conocen y lo temen, igual que el PSOE. Porque IU y PSOE están condenados a bailar con la misma fortuna y tapar su fugas en la misma parte del barco. Los 2.049 votos de Podemos salen de ellos dos y de 56 descontentos más que votaron algo minoritario hace cuatro años y que ahora ven como pueden ser parte de algo importante.
En los debates de análisis, posteriores a las urnas, hubo un dato revelador. Podemos tuvo durante todo el recuento un comportamiento homogéneo. No subió o bajó en función de si el escrutinio era de zonas rurales o era de zonas urbanas. Y eso para el partido socialista es un peligro. Porque es bien sabido –miren los datos del PP de Arenas si no me creen– que las elecciones autonómicas no se ganan en las capitales y en los pueblos grandes. Las mayorías absolutas se consiguen con un voto homogéneo, calando por igual en la zona rural y en la urbana. Eso sólo lo consiguió ayer Podemos y el PSOE. Y hasta ayer sólo lo había logrado el PSOE.
Todo esto no valdrá para las municipales, aunque muchos luego se afanen en decirnos que las cosas han cambiado. Porque el 24 de mayo se vota otra cosa y el peso del vecino, la familia y la cercanía en Los Pedroches pesa mucho. “Aquí se vota a la persona” y quien no lo haya oído que arroje la primera piedra. Pero vendrán las Elecciones Generales y volveremos a tener oportunidad de ver si esto es verdad o sólo un desvarío electoral. Y con los “peces gordos” en liza se demostrará si Andalucía es diferente y si en Los Pedroches lo que era fijo vuelve a moverse.

17 dic 2014

Qué pasará mañana en Pozoblanco...

Puestos a luchar, hagámoslo por aquellos a quiénes nos debemos: los ciudadanos. Como dejó escrito Francisco Umbral: “El periodismo mantiene a los ciudadanos avisados, a las putas advertidas y al Gobierno inquieto”. Muchos de nosotros somos aquella voz, aquel manojo de letras o aquella cara que les cuenta lo que sucede. Quien explica la realidad, masticada de tal forma, que sea fácil de entender mientras desayuna. Aquellos que unas veces somos maravillosos periodistas y otras somos los hijos de puta más retorcidos. Pero esto es nuestro día a día y ningún político nos quitará el placer de contarles lo que sucede.

Nos levantamos pensando qué os vamos a contar, qué ha sucedido, dispuestos a rastrear la realidad, por desagradable que sea, para que puedan entender lo que está sucediendo junto al cabecero de su cama. Hace tiempo que no sabemos desayunar sin mancharnos las manos de tinta, que no vemos la televisión sin que salte alguna alarma en el móvil –con las redes sociales menos aún– y que sustituimos el osito de peluche en la cama por un cruel qué pasará mañana.

Nuestro principal problema ahora es que no sabemos qué les contarán, ni tampoco cómo. Qué pasará con los compañeros de Canal 54 –Televisión Local de Pozoblanco–, privados de la mejor profesión del mundo y recluidos en YouTube. Un nuevo cuartillo, más sofisticado que el de Pablo Castro –viejo reportero local condenado por su ejercicio–, pero sin llegar a aquellos que los demandan. Qué pasará mañana con los que conectaban la televisión local para seguir un pleno. Qué harán los televidentes locales, que en su más amplia mayoría no tienen acceso a internet. Abocados a la oscuridad.

Decía Ramón Lobo que el cierre de Canal Nou le afectaba más de la cuenta porque era el culmen del “desvarío político”. Sentenciaba el reportero que donde los partidos políticos entienden que las televisiones públicas son” instrumentos privados de incienso y propaganda” hay un caso de corrupción “en directo”. Y eso tratamos de entender. ¿En base a qué desvarío, estrategia electoral o Dios sabe qué se ha cerrado la televisión de Pozoblanco?

Pozoblanco carece de un medio próximo que le enseñe a su gente la verdad del mundo. La muerte la sellaron los que están por encima de los trabajadores de la casa. La defunción comenzó a gestarse cuando un político levantó un teléfono para condicionar una noticia; cuándo se bramó contra un profesional por un puñado de letras; cuando alguien se creyó con el derecho a condicionar un contenido porque pagaba. En esas prácticas surgieron vencedores y vencidos. Los vencidos, que no tienen el poder, lanzaron torpedos en vez de intentar hacer el medio libre. Los vencedores, que despreciaron lo que tenían entre manos, eliminaron el único rayo de luz que hace a los ciudadanos libres y les enseña a pensar: la información. 

La ignorancia es la victoria de los mediocres y nadie, excepto ellos, quiere una sociedad así. Era Cicerón quien aseguraba que el ignorante callado era un erudito. Por desgracia han llegado, incluso, a tomar decisiones, para prejuicio de 17.000 personas, que pierden su medio más cercano, el que les susurraba cada día los secretos de su municipio.

La Navidad no nos ha traído, de momento, buenas noticias. El jueves quedaremos los amigos de la prensa para cenar y ver la realidad que nos rodea. Lamentablemente concluiremos que el mundo es un poquito peor porque Canal 54 ya no tiene a los ciudadanos avisados, ni a las putas advertidas. Aunque el gobierno seguirá estando tranquilo en su incapacidad.

19 nov 2014

Gracias por escucharme

Llegó un señor y se sentó frente a él. Lo miró a los ojos y le preguntó: “¿Qué deseas?”. Durante la siguiente hora y media aquel padre de familia relató su vida, su falta de trabajo, las necesidades por las que están pasando sus hijos, la incapacidad para encontrar un trabajo que le haga llegar al número de jornadas que le permitan cobrar el subsidio por desempleo y lloró impotente. Las lágrimas caían de aquel rostro surcado por los años, como si resbalaran por la cara lisa e impoluta de un niño. Sin esperanza lamentó su desventura como sólo lo hace un padre desesperado y se marchó diciendo: “Gracias por escucharme”.

Al tiempo llegué a ese mismo lugar y me senté delante de un alcalde preocupado por la situación de algunos de sus vecinos. “¿Qué hago? No tengo competencias para hacer nada. Los vecinos vienen aquí con gravísimos problemas y sólo les puedo decir que no puedo hacer nada”. Aquel alcalde, que por la mañana se había convertido en el confesor de uno de sus vecinos, sin darse cuenta, relataba su angustia por la situación, que se torna general en los ayuntamientos donde la política tiene corazón y donde el que se sienta en el sillón es uno más entre los suyos –por desgracia no siempre es así–.

Durante más de una hora, charlamos sobre la necesidad de dotar a los consistorios de competencias que les permitan aportar soluciones a los problemas de la gente de una forma rápida, eficaz y directa. La necesidad de no tener que esperar a una política comunitaria, estatal, autonómica, provincial o comarcal –donde existe– que llega tarde y maltratada. La urgencia de no aguardar a que la solución pase de manos en manos para convertirse en un remedio paliativo, como los contratos quincenales.


Decía este alcalde –con más razón que un santo– que si el dinero, que se destina a las administraciones intermedias, estuviera en los ayuntamientos se podría dar una solución directa a los problemas de esa gente, que ahora sólo se conforma con ser escuchada y maldice su resignación con impotencia. ¿Qué pasaría si el dinero para las mancomunidades fuese a los ayuntamientos para dedicarlo directamente a los vecinos? ¿Y si lo repartido entre las diputaciones llegara a los municipios para crear políticas sobre los problemas particulares de sus habitantes? ¿Y si los gobiernos autonómicos inyectaran el dinero, que conciertan con diputaciones y mancomunidades, a los consistorios? ¿Y si los programas estatales fueran a cada municipio directamente para solucionar y no para paliar problemas? ¿Qué pasaría si ese ciudadano que llora ante un alcalde no tuviera que hacerlo?