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Málaga, Spain
Libros, revistas y periódicos son mi Santa Compaña. Lector diario. Amigo de un cuaderno y un bolígrafo. Espectador y contador de la realidad. Pasajero de la vida. Soñador inquieto. Investigador de todo. Pecador en la curiosidad. Añorador de lo pasado y deseoso de lo futuro. Aquí estoy sólo con mi curiosidad.
Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído. Jorge Luis Borges, escritor y una de las grandes injusticias de los premios Nobel.

De los medios de comunicación de este mundo yo sigo prefiriendo un beso artesanal. Mario Benedetti, poeta y soñador de un mundo mejor.

Para sobrevivir, tengo que contar historias. Umberto Eco, profesor, novelista, periodista y guía espiritual en el mundo de la comunicación.

15 dic 2013

Nuestras miserias nos bajan del futuro

La semana pasada asistí a una de las aberraciones a las que este país acostumbra. Un amigo que ha pasado los cuatro últimos años como investigador universitario, becado por su sobresaliente expediente, leyó su tesis doctoral, una obra "sobresaliente" sobre la televisión pública, y se marchó ante la falta de oportunidades. Un profundo análisis de ese servicio que no comprendemos y usamos como papel higiénico cada vez que nos da la gana. La brillantez de su investigación es lo de menos, ya que al día siguiente de ser Doctor ha tenido que marcharse a Londres para buscarse un futuro que España no quiere, o no sabe, darle.

Un caso más de fuga de cerebros. Una marcha que no tendría relevancia si TVE, Canal Sur o cualquier televisión pública no fuesen una traición a los principios que les da razón de ser. Y eso en las que siguen abiertas. Que mejor cerradas, que usadas para lo que se utilizan.

España se empeña en "emigrar" a los que tienen capacidad para aportar las soluciones a nuestro futuro. Siempre ha sido así. Nuestras miserias hacen que las mentes más brillantes se marchen a otros países donde desarrollan su carrera. Lugares como USA, Gran Bretaña, Francia, China, Alemania o Iberoamérica -que no para de darnos lecciones- aprovechan a nuestros buenos cerebros para convertirse en referencias, en ocasiones, mundiales.

Se nos va el futuro. España no sabe mantener a los buenos y se queda con aquellos que se valen del "conocer a" para afianzarse en puestos de relevancia y tapar la llegada de gente que puede descubrir su ineptitud. Perdemos el futuro cada vez que un joven formado se marcha. Perdemos la oportunidad de dar pasaporte a esta crisis.

España lo pierde. Afortunadamente estos cerebros son valorados fuera de este país. Somos un país de segunda fila y no nos damos cuenta de cuál es el problema. Siempre miramos nuestro ombligo y estamos orgullosos de nuestra miseria.

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